Hoy me he fijado en un cartel en particular: TENÉIS DEMASIADO DINERO. ¿Que a quién se dirige? Por supuesto que a los grandes financieros, a los banqueros, a las multinacionales y a muchos políticos. Sobre todo en contraste con los mileuristas, con los desempleados (que no parados), con los funcionarios, con los pensionistas y, más aún, con los pobres del mundo, los refugiados, los países en guerra. Pues bien, si es importantísimo reivindicar el saneamiento de la vida política, tenemos que estar muy atentos también a lo económico. Más que nada porque la debacle económica está en relación directa con las decisiones políticas de los gobiernos. Sí, 'ellos' tienen demasiado dinero, pero no el suficiente para saciar su codicia: lo quieren todo. Están enfermos. Yo no llenaría las cárceles, pero sí los psiquiátricos, aunque reformándolos, claro.
Por eso propongo que la segunda reivindicación urgente sea la de separarnos del FMI. Fue el Fondo Monetario el que arruinó en la década de los noventa a muchos países de América Latina. Gracias al viraje de esos países hacia la izquierda, su independencia de dicho Fondo les ha hecho crecer económicamente mucho más que a la mayoría. Yo no defiendo ni ataco a esos gobiernos, pero lo que sí digo es que el Mal reside en esa institución. Así como alabo y felicito a Islandia por hacer lo mismo. También lo decía una pancarta: MEJOR ISLANDIA QUE DISNEYLANDIA.

Naomi Klein
En toda esta movida no deberíamos olvidar ni por un momento 'La doctrina del shock' de Naomi Klein. Para que tengamos en cuenta el peligro que nos acecha y que ya ha comenzado a cumplirse, transcribo uno de sus párrafos, que se refiere al proyecto del economista Friedman, cerebro de esta ola neoliberal que nos arrastra: “Hay que esperar a que se produzca una crisis de primer orden o estado de shock, y luego vender al mejor postor los pedazos de la red estatal a los agentes privados mientras los ciudadanos aún se recuperan del trauma, para rápidamente lograr que las 'reformas' sean permanentes”. Ojo, que ahora estamos en ese estado de shock.
Con el triunfo de la derecha, los empresarios están apretando más y más las tuercas de la 'reforma laboral'. Si se aprueba tal como ellos proponen.... estamos perdidos. Y mucho me temo que este gobierno y el que venga va a seguir siendo igual de complacientes con sus demandas y con las del FMI. Tampoco confío, visto lo visto, en los sindicatos, que ya forman parte de los intereses del 'gran capital'. ¿En quién confiar? En nosotras y nosotros. Nos han dejado solos, pero somos multitud.